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Llombera

 
Matías Díez Alonso    

Llombera de Gordón
06/09/2009 MATÍAS DÍEZ ALONSO

Diario de León


Desde Huergas parte la carretera por el valle arriba, en una estirada de cinco kilómetros hasta Llombera. A mitad de camino se ven unos paredones desventrados que denominan Los Corrales, y se les tiene por majadas de ganado, aunque la tradición también sitúa allí un antiguo poblamiento, como asimismo otro poblado donde llaman Vega Honda, en la base del Cueto de San Mateo.


El emplazamiento de Llombera es de sugestiva belleza. Todo es ascenso hasta el Lugar, es un valle de pradería encajonado entre altas montañas, donde a mano izquierda los carrascos muestran las retorcidas encinas, y a mano derecha, por la parte del abesedo, la belleza sin par del extenso faedo, que pone una pincelada de nobleza paisajística.


El pueblo es hermoso, una calle central que baja desde el altozano de la iglesia, estirándose recta y cóncava hasta la ermita del Cristo de los Remedios. Se sube unos metros por el camino de la ermita hacia el hayedo y se contempla la aldea en su conjunto, como una joya asentada en el camafeo de la caliza; la panorámica es muy bella.


Todo el ámbito terrenal de Llombera está circundado por altas elevaciones: al Norte el Cueto de San Mateo, mancomunado de Llombera, Santa Lucía, Vega y La Pola, y el Cueto de Ferrellar que confronta con Orzonaga. Al Saliente aparece el Cueto de Lombayesca, al Mediodía el Alto de las Lombas, la Fuente del Rugidero y el Soito o Soto que linda con Peredilla y Puente de Alba, y al Poniente el Robledo. Llombera apenas tiene terreno comunal, todo es de propiedad privada.
De Llombera a Orzonaga se caminaba por senda ganadera, y a mitad de camino, en el fondo del valle, quedan las ruinas de la ermita de San Mateo de Orzonaga, con alguna muestra románica.


Al fondo del Cueto de San Mateo, en Vega Honda: la legendaria sitúa una fuente, que se decía había manado vino dulce para remediar al párroco, que no tenía vino para celebrar la misa; hoy se trae de allí la acometida de aguas para el pueblo. Por aquí, por Vega Honda y la Portilla pasa, subterránea, la cinta transportadora de la empresa Hullera Vasco Lleonesa, camino de Puente de Alba y Alcedo.


La vida en Llombera
Decía Pascual Madoz en su Diccionario Histórico, en 1847, que Llombera se poblaba con 24 vecinos y 110 almas. Hoy tiene pocos más habitantes, pero por los años 1947 y 1948 llegó a tener 101 vecinos, la mayor parte oriundos de las Andalucías y Extremaduras; todo como producto del trabajo minero, porque eran numerosas las minas privadas que había en Llombera y Orzonaga, ocupando cada una de 30 a 80 obreros. Concretamente, en terreno de Llombera se explotaban las minas de Samonera , de los Valle, La Tabliza de Baldomero, La Conchita de Oricheta, la del Cueto o Celestina de Manolín y la de Fuentefebres de Mantecón. El topónimo Fontefebre o Fuentefebre se encuentra también en Olleros de Alba, donde hubo monasterio, significando fuente de las purificaciones.

Madoz dice ya que la iglesia parroquial está bajo la advocación de San Pedro, y que gozaban de escuela de primeras letras por temporada, asistiendo doce alumnos, que satisfacían al maestro una módica retribución.
En nuestra visita encontramos un rústico y hermoso mesón, que colma con buen yantar las apetencias del viajero.

En la plaza de la parte baja de la aldea se levanta la ermita del Santo Cristo de los Remedios, que merece la visita. Es de una sola nave con arco fajón y trazas de estilo popular del siglo XV, ya remozada. Tuvo una cofradía bajo la nominación de la Encarnación de 1762, y en 1928 se fundó otra cofradía del Santo Cristo, refundiéndose luego en una sola.

La imagen del Crucificado es también coetánea de la ermita. Los muros se decoran con lámparas de minero, adaptadas a iluminación eléctrica, y los tres ventanales llevan modernas vidrieras policromadas con simbología religiosa.
En Llombera había un batán para pisar paños de estameña, y era tradición confeccionar los buenos escarpines, rodaos y ropas que se tejían de lino y lana para consumo y comercio. Hombres y mujeres, en sus horas de asueto, se hallaban con las agujas en la mano, así se desprende que en las Ordenanzas de Huergas y El Millar del siglo XIX, se prohíba a los hombres asistir a Concejo tejiendo calceta.


En el Catastro de La Ensenada
La Comisión declarativa de Llombera se integraba por el cura párroco don Marcos Almirante, los regidores Miguel Rodríguez mayor en días y Bartolomé de la Flecha, el fiel de fechos Pedro Martín de Tapia y los peritos vecinos nombrados por el Concejo, Pedro de Robles y Manuel Castañas García. Las Diligencias se realizan el 8 de mayo de 1752, y se juramentan ante el juez subdelegado de Su Majestad, que Dios guarde, don Agustín Giradles. Juran por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz decir verdad, y declaran que Llombera de Gordón es Lugar de Señorío, de la Casa y Estado de Luna. No le pagan derechos de suelo, pero sí un foro perpetuo de 14 reales de vellón y 24 maravedíes, que llaman la matadera , cada vecino, que era un impuesto muy alto.

Hay cinco pies de colmenas, tres molinos harineros que llaman el Zimero y la Boca de la Cándana, el Cubeto y el de la Cueva.
De todos los vecinos, hay 33 de Estado Noble de Hidalguía y 5 de Estado General, que son los que pagan impuesto sobre servicio ordinario y extraordinario de 48 maravedíes cada uno.

De Alcabalas pagan en común 307 reales y 10 maravedíes, al Conde Luna que las tiene enajenadas de la Real Corona. Pagan la Primicia a la iglesia parroquial, el Voto a Santiago de Galicia y los Diezmos al cura párrcoo, menos ¼ que van al beneficio simple que goza el cura de Villa Pérez de León.
Las propiedades eclesiásticas se recogen en un legajo con todo detalle de croquis de fincas, extensión, confrontaciones y producción. Tienen propiedades el abad de Beberino, Nuestra Señora de la Encarnación de Llombera, Nuestra Señora del Rosario de Horzonaga, San Roque de Horzonaga, San Mamés de Horzonaga, el cura don Marcos Almirante, que es de Santa María de Baró, de la provincia de Liébana y diócesis de León, el arcediano de Gordón, que es dignidad de la catedral de Oviedo , el Convento de Otero de las Dueñas, la cofradía de la Antigua y la Zarza del Mercado de León, la de la Natividad de San Pedro de los Huertos de León, y la capellanía de San Lucas de Jenizera, en total unos 300 ducados de censos, al 3% de réditos, que han de pagar al año.

El Santísimo Christo de los Remedios tiene un prado en el Melón de ocho cuartillos (Se significa que el ducado equivalía a once reales y el real a 34 maravedíes).


Esa tradición en Llombera de gentes del buen tejer viene de que estos pueblos del Bajo Gordón fue un asentamiento de varias familias mozárabes, quienes trajeron la industria del buen tejer, buen bordar y los cordobanes repujados. El contacto entre mozárabes de Llombera, Huergas y Peredilla era constante y familiar, ya que el parentesco entre ellos aproximaba la interrelación, por eso la leyenda del tesoro de Llombera tiene sus connotaciones con Peredilla.


Vamos a buscar el tesoro de Llombera
Los mozárabes eran aquellos cristianos españoles que vivieron entre los árabes, aunque conservando sus costumbres, idioma, leyes y religión. Los mozárabes que llegaron al Reino de León van a traer toda una innovación del mundo de la cultura, y va a florecer por nuestras tierras por los siglos IX y X, que se denominan siglos del mozarabismo. Esta innovación no sólo se va a circunscribir a la cultura, sino que va a impregnar todas las facetas de la vida social, el arte, la economía, incluso la gastronomía. A ellos se debe la construcción de las presas de riego y el nuevo laboreo agrícola.

Se comenzó a llamar con nombres de música y hermosura a los aperos de labranza, y el pote de fierro de tres patas comenzó a despedir olores de albahaca y alajú. Las mozas se llamaban zarcas, ojos azules, y los mozos zagales , que quería decir apuestos y elegantes, galanes, y más tarde ayudantes de pastor.


Una moza zarca, bellísima mozárabe de ojos glaucos, que tejía lienzos en su taller artesano de Peredilla, dio motivo para una hermosa leyenda, cuyo encanto poético corre entre Peredilla y Llombera.

Dícese que cuando un rey leonés pernoctó en el castillo de Gordón, camino de las Asturias, que tuvo que ser Ramiro II el año 950, uno de los nobles de su acompañamiento supo de la existencia de la guapa mozárabe en la cercana aldea de Peredilla, y resolvió raptarla de noche, y burlarla.

La pernocta real tuvo lugar en La Vid, en la torre ramirense «El Castro», cuyo propietario era Isidoro Moya, que me la mostró todo entusiasmado con su joya artística, y exhibía orgulloso una carta de Fray Justo Pérez de Urbel, donde le decía que en su torre había sido confinado el conde de Saldaña, Diego Muñoz el año 945.

Volviendo a nuestra leyenda, al cabo de los meses la moza trajo al mundo dos niñas de ojos azules, que aprendieron de su madre el oficio de tejedoras de paños.
El guapo noble de la corte real tenía sobre su conciencia el peso de su acción opresora sobre la mozárabe, y quiso remediar en parte sus consecuencias, instalando a madre e hijas un taller de tejidos de lienzos y estameña, con crecidas reservas dinerarias.

La economía floreciente de esta familia cuidaron ellas muy bien de guardar, camino de Llombera, soterrando el tesoro, y que ahí está aún, y ha dado motivo para caldear la imaginación popular, en las estrofas que dicen así: « Entre Tamba, Tambica y Tambicón, / las tres colladas que son, / hay un tesoro que vale / más que la ciudad de León, / con toda su guarnición. / El que lo ha de encontrar / tiene que ser / moza gaceta, / con punta de reja / y pezuña de oveja».
Se entiende por moza gaceta la «correveidile», que por hábito se entera de todo en la aldea, y lleva y trae chismes y noticias.

De ahí que la tradición sostenga que contara Peredilla con un afamado taller de lienzos, donde trabajaban varias mujeres, que llamaban Las Tejedoras. Se ubicaba este taller donde hoy se emplaza un chalet, que años atrás era propiedad del profesor José Luis Rodríguez Arias. La casa tenía rancios sabores de arquitectura popular. Sobre sus ruinas se levantó este nuevo complejo de asueto con la evocación de Las Tejedoras de Peredilla, que siglos atrás enterraron su tesoro camino de Llombera.

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