Excursión
Llombera--Cueto San Mateo   

Rutas  y   Senderismo  

Elaborado por Ricardo Gutiérrez
Fotografías de Celestino Colín. 
   
   
Tiempos:
Parcial
Acumulado
Llombera 1.240 m.  
0’00 h
Collá Gustillo 1.366 m.
20’
0’20 h
Collalampa 1.320 m.
10’
0’30 h
Base de la ladera E del Cueto (La Corredera) 1.475 m.
25’
0’55 h
Cumbre del Cueto San Mateo 1.603 m.
17’
1’12 h
Collá La Muria 1.386 m.
40’
1’52 h
Samés 1.310 m.
9’
2’01 h
Collá Gustillo
25’
2’26 h
Llombera
15’
2’41 h
  MAPA DEL RECORRIDO


Para esta excursión iniciaremos el camino en el crucero aledaño a la iglesia. Allí existe una fuente inaugurada en el año 1913 y construida por la empresa minera Hullera Vasco-Leonesa, donde recogeremos agua para el camino de ida.
Nos dirigimos al norte subiendo la empinada calle donde a los pocos metros existe un cruce, tomando la que continúa en ascenso de frente, que luce una placa en honor del famoso naturalista Félix Rodríguez de la Fuente. Vamos dejando atrás diversas casas hasta llegar a la última, la que está situada a mayor altitud, donde la calle se transforma en sendero que, unos diez metros más arriba, se une con un camino de carros junto a otra fuente y pilón.


Aquí debemos torcer a la izquierda, siguiendo este camín a media ladera desde el que se disfruta de hermosas vistas. Vamos dejando atrás prados de siega y tierras de labor actualmente sin uso y al acercarnos a unos grandes chopos a la vera del camino, ya se puede divisar al fondo la Collá Gustillo, amplia abertura entre la peña La Cerra al sur, formada por blanca roca caliza y bordeada de un pequeño faedo y el Alto La Solana a la derecha, cuya ladera está cubierta de escobas y algunas matas de rebollas.

Pasando las tierras de Gustillo, -claro ejemplo del uso tradicional de bancales o terrazas para transformar las laderas inclinadas en tierras de labor para su mejor aprovechamiento- alcanzamos la collada del mismo nombre, (1.366 m) desde donde se obtiene la primera y más espectacular vista del imponente Cueto San Mateo, que se yergue vertical al fondo, elevándose en un perfecto triángulo sobre la vega de Samés. La estampa resulta más impresionante si cabe, gracias al enorme socavón que se abre a nuestros pies y que nos separa del Cueto: la famosa hondonada de Vega Fonda. Podríamos atravesarla para alcanzar los prados de Samés, pero nos haría perder muchos metros de altura que después deberíamos recuperar de nuevo pero, afortunadamente, podemos bordearla por el norte, por el conocido como Camín de Valdejave, cuyo nombre parece hacer referencia a una antigua piedra o estela dedicada al dios romano Júpiter, que acabaría derivando en Jueves y posteriormente en Jave.

  
El camino tradicional desaparece poco más allá, al haber sido remodelada la zona por las actuaciones de la mina a cielo abierto existente desde hace muchos años en la zona, pero en lo esencial, aquí las escombreras han dejado el terreno con unas modificaciones paisajísticas no excesivamente graves, así que, donde el camín desaparece en la escombrera, nace ahora una pista que más o menos discurre por donde lo hacía antaño éste y que conduce donde en su día se abría la ancha collada de Collalampa o Collá Lampa, desde la que el camín se precipitaba en pronunciado descenso buscando el pueblo de Santa Lucía.
 

Existe una historia que narra que los pueblos de Samés, Vega Fonda y Las Cribas, fueron quemados por "un Conde" como castigo porque sus arrendatarios no pudieron hacer frente a sus rentas por la mala cosecha. Al parecer, mientras el Conde contemplaba "su obra" desde el Alto de la Corredera cuentan que exclamó:
¡Arre! mi caballo blanco,
que me quemo, que me alampo;
¡arre! mi caballo negro,
que me alampo, que me quemo.
De ahí, según la leyenda, el nombre de Collá Lampa, porque "lampo" proviene del verbo en latín -lampare: brillar-


Vemos a la izquierda la fecunda Vega Fonda cerrada al sur por las verticales paredes de las peñas La Cerra a la izquierda y Chafariza a la derecha, y entre ambas, una amplia escotadura que las separa, permite divisar las chimeneas industriales de La Robla. Bordeando hacia poniente Vega Fonda, sale una pista que lleva horizontalmente a Samés, siendo este el camino que utilizaremos a la vuelta. Pero ahora nos encaminamos hacia un espeso rebollar que nace al pie de las primeras laderas inclinadas de La Corredera, una enorme llomba (loma) que entronca con el Cueto por su cara este y que separa Samés de las vallinas que vierten aguas hacia Santa Lucía.

Cuando nos vamos acercando al rebollar, con tendencia ligeramente hacia la cara sur de la Corredera, llegamos a una amplia explanada artificial, de donde salen dos pistas. Una, a nuestra derecha, se dirige hacia el “canto” donde nace o muere, según se mire, esta gran loma y al poco se empina en zig-zags de manera apreciable. Esta era la mejor manera hasta hace unos años de alcanzar el lomo de la Corredera, pues aunque ascendía de manera brusca, tenía la ventaja de poder atravesar fácilmente el espeso y torturador rebollar. Ahora resulta más fácil utilizar una nueva pista que se interna en diagonal y en moderada ascensión por la ladera sur de La Corredera abriéndose paso por su espeso rebollar, y llegando al fin hasta su mismo lomo.
Una vez aquí, y libres del incordio que suponen las rebollas para caminar, nos dirigimos hasta donde la tierra de la llomba se abre de pronto y se alza vertical la roca caliza del augusto Cueto San Mateo (1.475 m).

La ruta de ascensión es evidente, como se dice por el lugar, a pico morro, es decir, de manera directa por la ladera este. Una vez superada más de la mitad de la ascensión, se vira ligeramente a la derecha, pues aparece un pequeño espolón en forma de muralla baja que nos obliga a bordearla en franca ascensión. Es un tramo corto y cuando el espolón desaparece, nos encontraremos de sopetón a escasos metros al norte de la ansiada cumbre. Tornaremos al sur para alcanzar ésta, donde se ubica desde hace años un pivote de cemento levantado por el Instituto Geográfico Nacional, como vértice geodésico de segundo orden.

La vista desde esta magnífica atalaya es grandiosa. Todas las tierras de Gordón se abren a nuestros pies y si el día tiene la atmósfera en buenas condiciones, se alcanza a divisar por el oriente hasta el Pico Espigüete con su inconfundible mole piramidal, que hace límite entre Palencia y León. Destacan también, bastante más cercanas, peña Galicia, peña Valdorria y el pico Polvoredo o Correcillas, con el blanco reluciente de sus rocas calizas. Al occidente se divisa en primer plano la cuerda que desde el pico Fontañán, -casi tocando La Robla- se desplaza hasta el pico Pedroso sobre la collá de Aralla, pasando antes por el pico Amargones, en cuya ladera se acomoda el pueblo de Los Barrios. Al septentrión, destaca el Pico Machacao, calizo como el Cueto, sobre Villamanín y tras él, el gigante de la zona, el Brañacaballo, que con sus 2.181 metros de altitud es la máxima altura entre los macizos de Mampodre y el de Peña Ubiña, la cual se divisa al NO.

Únicamente se le puede poner un pero a la soberbia belleza de las tierras que circundan esta atalaya privilegiada, y no es otro, que la mordedura descomunal que el progreso industrial ha propinado a estas tierras, dejando una herida sangrante con la mina a cielo abierto, situada al mismo pie de esta montaña en su zona noreste. A pesar de ello, siempre nos queda el consuelo de descansar dando la espalda a esa atroz visión mientras nos dejamos acariciar por la brisa gallega.




 

En la cumbre existe una maltrecha y sencilla cruz metálica con placa y un pequeño buzón de cumbres, colocada hace muchos años por el grupo de montaña “Collalampa” de la localidad de Santa Lucía. En la placa reza una leyenda con la altura que en su época figuraba en los mapas oficiales y que hoy, con la mejora de las técnicas apropiadas, ha sido modificada al alza, fijándola en 1.603 metros sobre el nivel del mar.

Existe una variante rápida de descenso a Samés, que discurre por una canal vertical, llamada La Vara Estrecha, pero la dejaremos para otra ocasión, resaltando que suele presentar ligeros problemas para localizar su acceso superior.

Por ser más sencilla y además permitirnos visitar la famosa Cueva del Santo, donde se dice que llevó su vida de eremita San Mateo; es por lo que abandonamos la cumbre con la vista puesta en Los Barrios, siguiendo la loma cumbrera en dirección oeste, hasta que vemos a nuestra izquierda, -es decir, el sur- una pared que se desploma vertical cual muralla y de la que nos separa una cuencha o canal bastante abierta que parece conducir directamente a su pie.
No debemos descender por el centro de la canal, si no que, bordearemos la cuencha por su parte superior hasta donde toma neta dirección al sur y se inclina cada vez más, conduciéndonos casi justo enfrente de la gran abertura de la Cueva del Santo, situada al pie del desplome vertical antedicho.

Nos dirigimos hacia ella bajando con cuidado los pocos metros que nos separan, para lo cual en algún momento se deben usar las manos, pero sin dificultad alguna. La cueva no es muy profunda, y quizá sólo tenga el atractivo de su historia, pero en su suelo arcilloso se pueden encontrar fácilmente restos de tejas que al parecer, alguna vez cubrieron un pequeño altar ahora desaparecido.

Se abandona la Cueva del Santo para dirigimos al sur a la evidente Collá La Muria (1.386 m), que como su nombre indica, hace de límite o frontera entre las tierras de La Pola y Llombera.
Para ello transitamos en diagonal descendente entre roca muy suelta por una ladera bastante inclinada. Una vez en la collada, torcemos al E. para coger un sendero apenas marcado, que entre escobas y espinos nos lleva en pocos minutos a la hermosa vega de Samés (1.300 m), donde se puede descansar junto al refugio levantado en época reciente por Montes y beber en su fuente situada a escasos metros de su puerta.

Samés, es un magnífico espectáculo para la vista, y tener tan cerca el altivo Cueto enamora el ánimo. Por si ello fuera poco, cuenta además con un hermoso faedo a tiro de piedra, el llamado Faedo Chafariza, que se agarra a la umbrosa y vertical pared norte de la peña de su mismo nombre.
Desde aquí se divisan dos rutas alternativas para subir o bajar del Cueto, la mencionada canal de la Vara Estrecha y la Cuencha de La Llera.

La primera es una estrecha tajadura situada en la parte más alta de la pared
que mira al sur y a la que se puede acceder desde aquí superando primero un
lleral muy descompuesto (pedrero) y que convierte su ascensión en una
verdadera tortura, donde das dos pasos voluntarios hacia arriba y uno
involuntario hacia abajo; por lo que es preferible utilizarlo como ruta de
descenso. La única dificultad en ese caso, consiste en encontrar la entrada
desde la cumbre y los primeros metros una vez dentro de ella, pues se deben
utilizar las manos.

La segunda, es una ancha y larga canal, que nace casi en la misma cumbre y
que se desploma cubierta de "llera" suelta (piedra) -haciendo honor a su
nombre- por su ladera E, la que mira hacia Llombera y con tendencia hacia la
vega de Samés. Se transita por cualquiera de sus bordes, donde las piedras
dejan sitio a la roca compacta y fácil.


Es hora del retorno, así que salimos de Samés encaminándonos hacia la corte de nueva construcción existente en su extremo E, de donde parte un camino a la derecha que bordea el lindero inferior del faedo Chafariza para descender raudo a Vega Fonda.


De frente, sigue un tramo que aún se conserva del antiguo camino que llevaba hasta Collalampa. Nos adentramos en él entre rebollas y al poco es sustituido por la pista de la escombrera, por donde caminamos ahora por terreno ya transitado, hacia la Collá Gustillo y Llombera.