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La Facendera

Tradiciones 
 
Elaborado por Ricardo Gutiérrez
Facendera

Entre las principales competencias de nuestros concejos figuraban las facenderas, siendo por lo tanto una institución concejil mediante la cual todos los miembros de pleno derecho del concejo estaban obligados a prestar trabajos en beneficio de la comunidad. Eran de varios tipos según la finalidad de la obra. Si esta era considerada de interés general estaban obligados todos los vecinos, si era de interés limitado para una zona concreta se convocaba a la comunidad afectada. La motivación principal se basaba en razones de solidaridad de la que todos necesitaban de alguna manera y se beneficiaban.

       Cada vecino acudía provisto de las herramientas que se le habían indicado, podía ser pico y pala, herramientas de corte, carro... según la planificación realizada por La Junta. Era una institución ejemplar de “democracia espontánea y participativa” y en la que la disciplina interna era aceptada de buen grado. Cuando algún vecino deseaba quedar exonerado de su obligación de acudir personalmente o se beneficiaba especialmente de la obra, solía aportar viandas siempre que el trabajo se prolongara más allá del medio día. La organización corría a cargo de una Junta o Juez que planificaba la tarea, revisaba la correcta realización y establecía los tajos. Hay quien afirma que el refrán: "con su pan se lo coma" hace referencia a la costumbre de llevar cada uno pan de casa y la organización ponía lo demás.

       Como los cargos eran rotatorios, existía una cierta cultura de la organización y de comprensión con el que manda. No acudir a una llamada a Facendera suponía cargar con una multa, la cual se ejecutaba de manera inmediata, por lo que la asistencia era masiva.

       Según Elías López Morán (1896) existía la costumbre en toda la zona de que en el momento de partir para el trabajo el grueso de los reunidos, una comisión recorría las casas de los vecinos que no habían acudido a la llamada a Facendera, llegando a tomar de ellas “en prendas” cualquier utensilio de labranza que les pareciera oportuno, como castigo por la ausencia. Dichas prendas no les eran devueltas hasta que no pagasen la multa que se les impusiera. Los enfermos también eran visitados para comprobar la veracidad de su mal. No se admitían criados en las facenderas por entender que estos no trabajaban con el mismo empeño.

       La tarea más frecuente era reparación de caminos, acequias, presas y regueros. Si esta labor no se realizaba era impracticable la agricultura ya que el invierno con sus lluvias y sus humedades arroyaban los caminos y tapaban de hierbas los cauces.

       Es un fenómeno muy arraigado en la cultura leonesa de montaña. Se basa "en la voluntad expresa de trabajo en equipo de toda la comunidad, así como en un sentimiento de suficiencia, de independencia y de fuerte nuclearización en el grupo con respecto al exterior" y que se desarrolla en la medida que lo propicie la facilidad de contacto y el número de personas con las que existe la posibilidad de trato en los tiempos de ocio, por lo tanto el tamaño del núcleo, deberá ser una aldea, no una gran población ni un lugar disperso.

       Facenderas famosas fueron las que se realizaban en Pajares y Busdongo, consistentes en realizar túneles en la nieve para permitir el tránsito durante el invierno. Los viajeros que eran testigos de los resultados lo dejaron escrito con admiración. Relatan como ejemplo de valor que las sayas de las mujeres tenían aspecto de tabla por estar heladas. En Llombera, muchos hemos sido testigos y partícipes de la labor de espalar para permitir el paso de personas y animales entre hogares, cuadras y abrevaderos, llegándose en ocasiones a realizar túneles bajo la nieve en aquellos lugares donde se formaban traves por la acción de las torvas (ventisca).

UN POCO DE HISTORIA...

       "Facendera" es una palabra derivada del latín "facienda" (lo que ha de hacerse) y que se refiere al trabajo a que debe acudir todo el vecindario por ser de utilidad común.

        Los antecedentes de este tipo de trabajos colectivos, parece que hay que buscarlos, según Julio Somoza, en las obras de la conservación de las vías militares, (de los romanos), y se aplicó aquí para el desarrollo de las comunicaciones y para servicio de los predios comunales como montes y erías.

       La palabra "Fazendaria" aparece en un documento regio de la Catedral de León del año 1129 por el que Alfonso VI concede a Martín Ciprianiz quedar libre de toda "fazendaria". En el mismo año están expedidos los fueros a Villa Ermenegildo por la Condesa Estefanía Sánchez y en los que se incluye ya la institución "faciendam" (hacienda).

        Los reyes de León imponían a sus vasallos una amplia gama de tributos, tales como el pedido o tributo en metálico o especie, el pecho que se pagaba por razón de bienes y haciendas, el fosado o la fosnadera para reparar los fosos o castillos o para los gastos de guerra, la infurción que se pagaba por razón del solar de la casa o la humazga por razón de chimenea u hogar abierto, el apellido como llamamiento a la guerra, la serna consistente en trabajar en la sembradura, laboreo y cosechas del rey o señor en determinados días, la mañería por la que el rey o señor heredaban al matrimonio sin hijos, la caloña, el rauso, la martiniega, el yantar, etc...

        La facendera es un tributo relativamente tardío en nuestras instituciones medievales y Julio Puyol dice de él que "no es otra cosa primitivamente, sino los servicios personales que tenían obligación de prestar los vasallos en épocas y labores determinadas en favor del rey o señor, ya en el cultivo de las tierras, ya desempeñando diversos oficios y menesteres, ya atendiendo a la conservación y reparación de las fortalezas etc., a todo lo cual se da, a veces, los nombres genéricos de servicios o labores".

        No hay suficientes datos para saber con que regularidad se prestaban estos servicios a los reyes y señores, pero en el Fuero de Villa Ermenegildo se ordena que se preste un día de serna por cada semana del año. En los distintos fueros suele señalarse esta particularidad para cada pueblo o comarca. Así por ejemplo el de San Miguel de Escalada pone dos días al mes.

         En cuanto a comida y bebida dispone el de Villafrontín del año 1201 que se dé a los participantes en la serna o facendera; en invierno por la mañana pan de trigo y vino bueno, y por la tarde pan, vino y legumbres; en el verano por la mañana pan de trigo, vino bueno y legumbres y lo mismo por la tarde. También se menciona las excepciones totales o parciales a favor de enfermos o ausentes que se verán obligados a realizar el trabajo otro día o a pagar dos maravedies y medio de pena.

         En la Edad Media es muy corriente que los reyes eximan del tributo de la "facendera" a muchos monasterios, señores o vasallos. Por ejemplo en 1167 Fernando II exime al dominio de San Isidoro de León de "toda facendiera", en 1183 lo hace en favor del Obispo Manrique y de la Iglesia de la Catedral de León, en 1175 libera a una heredad de Valdescorriel, en 1176 al pueblo de Pinos de Babia, en 1178 al monasterio de San Felices y a la Iglesia de Valladolid, en 1189 el rey Alfonso libra de "foros y fazendaria" al monasterio de Gradefes y así sucesivamente hace con Carrión, Sahagún, Trianos, Carrizo, Isoba, etc... El Fuero de Villafranca, Sanabria y Laguna de Negrillos eximía de facendera a los alcaldes y otros responsables del Concejo.

         En el año 1129 Alfonso VII había eximido a la alberguería de Pontón de "pedido y fonsadera", en 1395 se eximió de pedido a los montañeses de Aguilar y Monteagudo y en fecha indefinida al Concejo de Modino de "penas, binales, vinazga, martiniega y todas las demás rentas, pero en ninguno de estos casos se menciona la hacendera, sin duda porque era una institución indispensable e insustituible para los pueblos.

       Las facenderas, con uno u otro nombre, existen también en Asturias, Galicia, Santander, Palencia, Cuenca y Castellón.

        A finales del siglo XIV algunos documentos compostelanos ya mencionan las facenderas en su forma actual. En Asturias se las llama "sextaferias" porque tradicionalmente se realizaban en la sexta feria o viernes de determinadas épocas del año y también se les denominaba "sustiferias o satisferias". En Galicia se las llama "estaferias o estafeiras". En la zona de Riaño se las llama "huebras", sobre todo cuando incluyen pareja de vacas y carro. Posteriormente desaparecería esta vinculación de la prestación personal con el viernes y podría tenerse en cualquier día de la semana.

        Había tiempos fijos para algunas de ellas, como era Febrero o Marzo, para limpiar fuentes, presas, canales y arreglar pontones, Junio para el arreglo de caminos y pasos necesarios para sacar la hierba, Septiembre para sacar el abono, recoger la hoja o la leña y los meses de invierno para espalar la nieve, haciéndose cada uno cargo de su "varal" o trecho.

        Para estos trabajos se tocaba a facendera con un repique especial de campana, reuniéndose la gente en el lugar de costumbre, desde donde todos partían juntos al lugar del trabajo. De cada casa iba una persona mayor con su instrumento de trabajo.

        En las Ordenanzas de Sabero, en el artículo 13, se hace mención a la normativa de esta institución: "Mas ordenamos que todo vecino está sujeto a la reparación de los caminos, puentes, pontones, acequias y demás que llamamos facenderas, siempre que estos lo hayan menester, las que se harán con el común reunido y el que falte estando avisado pague cuatro rs. y el que acuda tarde pague un real..."

        A partir de las Cortes de Cádiz de 1812 los Ayuntamientos y Diputaciones absorben cada vez más las prerrogativas de los Concejos abiertos. El día 7 de Abril de 1849 se publica un Decreto sobre esta materia y en 1870 se generaliza la Ley Municipal que ordena que participen en las hacenderas los mayores de 16 años y menores de 50 (inclusive mujeres con casa puesta). Las hacenderas no pueden exceder de 20 al año, lo que limita la Ley de 1905 a 5 al año.

        Si bien el poder central en España ha reconocido y legislado sobre las hacenderas no ha hecho de ellas el aprecio que se merecían.

        En la Edad Media los Fueros y Cartas Pueblas en muchos casos las reconocieron expresamente, pero el Libro de las Siete Partidas sólo se refiere a ellas de manera implícita al asegurar que los usos y costumbres de los pueblos como "derecho o fuero que non es escrito del cual han usado los omes luengo tiempo, ayudándose de él en las cosas é en las razones sobre que lo usaron".

        Si toda la Edad Media es un forcejeo entre la ley y costumbres; la ley y el derecho se muestran absolutistas en los siglos XVIII y XIX en que se opusieron siempre los legisladores a admitir otro cauce fuera de la creación jurídica por el que viene la ley. Sin embargo el Derecho Español se muestra muy generoso al plasmar en el artículo 6 del Código Civil de 1889 su criterio de respeto a "la costumbre del lugar".

        Los Entes Autonómicos tienen en este campo de las costumbres aún mucho que aprender y hacer, a fin de que se recupere el sentido no solo práctico y efectivo, sino el cívico y comunitario de una institución leonesa tan sabia y valiosa como es la de las facenderas.


Bibliografía:
Julio de Prado Reyero, revista "Castillete", nº 18. Agosto de 1.984.


Se solía jugar al toro, en las eras desde el principio del Carril, hasta la pared de los Merino
Se echaba a suertes quien hacia de toro y quien hacia de madre.

El niño que hacia de toro se ponía al principio del carril agachado.
y todos los niños que participaban en el juego se ponían detrás de el dispuestos a saltarlo por encima.
Entonces el que hacia de madre proponía un tema como por ejemplo:
Nombres de países
y todos los niños iban pensando que nombre de país que elegirían y el toro, a su vez, también pensaba el nombre de un país y se lo tenia que decir a la madre al oído.

De uno en uno, los niños van saltando por encima del toro y diciendo en voz alta el nombre del país pensado.
Tantas silabas como tenia el nombre del país, tantos pasos tenían que dar (aquí, como picardía se solían buscar nombres largos pues así cuando saltaras por encima del toro si el nombre era muy largo más te alejabas del mismo y más te acercabas a la pared.

Y así, iban saltando los niños de uno en uno por encima del toro y diciendo los nombres elegidos y cogiendo posiciones
Pero, si un niño al saltar decía el mismo nombre había pensado el toro y la madre lo daba por cierto, el toro señalaba al niño diciendo: “CAISTE”.
.. Y ese niño ocupaba el lugar del toro y el juego comenzaba de nuevo.

En cambio si el juego continuaba su curso y ningún niño había coincidido con el toro, una vez que todos los niños hubieran saltado y dado los pasos correspondientes, el primer niño que inició el juego decía: TORO

…Y todos los niños corrían a tocar la pared con la mano y volvían a bajar corriendo hasta donde estaba el toro apochinando el cuál también tenia que subir corriendo hasta la pared tocar con la mano y en la vuelta intentar coger algún niño antes de que este llegara al lugar inicio del juego.

Si conseguía coger a un niño este tendría que ocupar su lugar en un nuevo juego haciendo de toro y si no había conseguido coger a ningún niño seguiría en su lugar de nuevo.

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