Braveza minera

Braveza minera

Notapor Invitado » Jue Jun 07, 2012 3:58 pm

Noticia publicada el día 1 de Junio de 2012 por el Diario de León

Braveza minera

Ocho horas de viaje en una caravana de esperanza.
romero 01/06/2012

«Las torres torcidas de Bankia se van a hundir hoy», vaticina a las seis de la madrugada Feliciano Linares desde su asiento del autobús. El prejubilado minero y otras 60 personas más, casi todos de la cuenca minera de la montaña central leonesa, parten a esa hora hacia Madrid, donde se espera una gran concentración en defensa de la minería del carbón. No faltan ánimos pese al madrugón: «Dice Merkel que ya podemos salir, así que andando», se escucha en el interior del vehículo, uno de los 200 que viajaron hasta la capital desde todas las cuencas mineras del país, de norte a sur y de este a oeste. Tampoco faltan preocupaciones: «El carbón es lo que nos queda. Yo no vengo a defender a Del Valle o a Victorino, sino a pedir la nacionalización del sector; Europa no puede prescindir del carbón ni en el 2018 ni en el 2025. Pero eso de dar dinero para cerrar las minas...». El comentario forma parte de una de las conversaciones que se empiezan a entablar en el viaje entre un grupo de mineros en activo y prejubilados. Durante su transcurso se desmitifican algunos tópicos mineros, como que todos ganan 3.000 euros. «Nos tienen divididos en dos tipos: los que cobran como se cobraba antes y los que no llegan a mil euros, que ya van siendo mayoría». «Y unos y otros —añade un tercero— cuando se acabe la mina a tomar por culo».

Para evitarlo iban ayer a Madrid. «No venimos a la Warner», espeta un joven padre de dos hijos a quien le empieza a preocupar muy seriamente la huelga indifinida a la que han sido convocados todos los centros de trabajo. «Con una mujer trabajando podremos aguantar dos o tres meses, pero si esto no se arregla antes nos las vamos a ver y desear». De ser así, los dramas familiares se sucederán por decenas en cuestión de semanas. «¿Tú sabes lo que es esto? No creo que lo imagines», asegura Marcos.

Una bandera republicana asoma entre asientos. Es de Higinio, de Lillo del Bierzo. Los kilómetros que hagan falta para exigir «que se reconvierta a la minería». Su propuesta es que el Estado «se haga cargo» de las empresas y que se «acabe con estos especuladores». Más tarde explica ampliamente que los especuladores son los empresarios mineros. Alguien añade a sus palabras que el futuro está tan negro «como la oscuridad de una mina». «¿Sabes? No es la misma oscuridad que cuando cierras los ojos, sino otra; es que no existe una oscuridad tan profunda como la del minero», reflexiona Roberto Quero.

Francisco Hidalgo, prejubilado, vecino de Fabero, se ve otra vez en Madrid. Ayer fue la tercera en su vida minera. «A ver si arreglan esto los políticos y no cae todo en la banca». Para todos los trabajadores de la mina pide Enrique Sarmiento, también de Fabero, «solidaridad». Para Jesús Castiñeira Mariano Rajoy es como Margaret Thatcher: «Los dos han llevado la minería al exterminio». Un vecino de Villablino que prefiere no citar su nombre y que dice haber acudido a Madrid para «reivindicar sus derecho al trabajo y a un futuro» sostiene que las pretensiones del Gobierno «serán la muerte de las cuencas mineras».

«Es una vergüenza», se escucha en un grupo de mineros reencontrados desde la segunda marcha negra que movilizó a 200 mineros de León, Asturias y Palencia hace un año y medio para garantizar continuidad para las explotaciones de carbón. Entonces, una de las pancartas tenía como lema «Por la defensa del carbón autóctono y de las cuencas mineras», el mismo que ayer volvía a ondear por el castizo paseo de la Castellana.

La protesta no es baladí. El plan del ministro Soria para fulminar el sector minero esconde situaciones límite. Torrico, trabajador del pozo Santa Cruz, está cumplido desde el pasado 21 de enero, lo que quiere decir que ya debería difrutar de su prejubilación. Hay muchos casos así. Y unos cuantos más se sumarán a finales de este año. Si antes no hay cierres. Carmen Valbuena lo cree más que posible: «Quieren acabar con nosotros, pero para evitarlo es necesario apoyar esta lucha, que es de todos».

«Seguimos negros y sucios y ahora nos intentan liquidar con pluma de oro», interpreta Mundo, también del pozo Santa Cruz. Tras la experiencia de la segunda marcha minera, convocada hace un año y medio, considera que les engañaron «vilmente» con las soluciones comprometidas. «Ahora no tenemos otra dcosa, pero con todo el dinero que se han gastado no han producido nada». Va acompañado de su hija de 16 años, que tampoco ve su futuro en las cuencas. «No estamos luchando por nuestro puesto de trabajo, sino por el de miles de personas; parece que pocos lo entienden», dice. De salir adelante los propósitos del Gobierno, padre e hija pronostican la transformación de las cuencas mineras en un gigantesco coto de caza.

El viaje de cuatro horas para ir y otras tantas para volver da para mucho tema de conversación, sobre todo cuando los teléfonos empiezan a sonar para advertir que efectivos de la policía están parando e inspeccionando autobuses en el peaje de Adanero en busca de petardos u otros artefactos explosivos. No logran incautar mucho material. Y el que consiguen tener en sus manos es el intervenido durante la manifiestación. La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, mostraba el tesoro con orgullo en su twitter.

Entretanto, el Cuco, Juan, el dueño de la gata Nikita, informa de que el felino más popular de la segunda marcha minera ha fallecido. Pero le dejó un hijo, Óscar. «Es un gato carbonero». La confesión llega casi al acabar el día, cuando desaparece por las calles de Madrid Rubén Abel Sosa, un hombre que dice ser un político al que nadie hace caso, quizá por la cruz de madera de dos metros que arrastra por la capital bajo el lema «Democracia, la verdad, la vida».

El autobús se vacía a las diez y media de la mañana frente al Bernabéu. Impera ambiente de lucha, bravo. A las tres y media de la tarde vuelve a llenarse. La desproporcionada carga policial enrarece los ánimos. Los mineros se vuelven periodistas y proponen su titular de la jornada. «El Gobierno, desbordado», señala Rafael Velasco. «Nos han echado como a perros», se escucha desde un sillón. «Los mineros, tratados como asesinos en Madrid», titularía un hipotético periódico dirigido por Asunción. «O como terroristas», le añaden. «La minería, acorralada por las Fuerzas de Seguridad. La policía ha echado hasta los autobuses», diría Pedro, minero en activo, 30 años. «Madrid vuelve a tener miedo a los mineros». Así lo enfocaría José, de Hullera Vasco Leonesa.

Y los periodistas hacen de mineros. Cuatro redactores y un cámara coinciden en los matices de la jornada: uno, carga policial desproporcionada frente a la actitud relativamente pacífica de los mineros; dos, el sector sigue unido para abordar nuevas protestas, y tres, es posible que todos ellos sepan que puede empezar el principio del fin. «Pero si hay que morir, que sea con la cabeza bien alta».

http://www.diariodeleon.es/noticias/afo ... 95281.html
Invitado
 

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