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La mina

 
  
   

La mayoría de los pueblos de la comarca de Gordón, compaginan tareas del campo con la minería y la ganadería. Si bien hoy en día ya casi no se cultiva el campo y en Llombera la ganadería se limita a dos rebaños de ovejas y cabras.

A raíz de la posguerra, las gentes de estos pueblos montañeses, vivieron muchas precariedades en sus necesidades más básicas. Cuando acudían a trabajar a la mina en invierno, lo hacían en grupos de cuatro o cinco personas para poder ir turnándose en abrir una senda a través de un manto de nieve de gran espesor, alumbrándose con linternas y en ocasiones oyendo aullar a los lobos próximamente. Al llegan a sus puestos de trabajo lo hacían con las ropas empapadas y ateridos por el frío, con la fardela más bien escasa de comida y con una larga jornada por delante.
El sueldo de un minero en el interior era de 3,18 pesetas diarias y el del exterior 2,05.

Muchas economías familiares eran tan exiguas que se veían obligados a “robar” la infancia de sus hijos enviándoles a trabajar con a penas catorce años a la oscuridad de la mina.

Alrededor de la década de los cincuenta, hubo un notable aumento en el número de vecinos que habitaban en Llombera. El motivo de este incremento fue debido a que numerosas personas, acuciadas por al hambre y la necesidad, acudieron a las minas en busca de un sustento para sus familias. En muchas ocasiones era la familia completa, padres e hijos, los que establecieron sus vidas en alguna casa que alquilaban en el pueblo. Otras veces, eran solo mineros que se conformaban con el alquiler de una habitación o un pajar donde dormir después de un duro turno de trabajo.
Unos y otros se integraron durante unos años en la vida del pueblo y formaron parte de su historia y sus recuerdos.

Un papel importante lo tuvieron las mujeres, con gran fortaleza para afrontar el duro trabajo. En muchas ocasiones eran viudas de mineros que se veían obligadas a trabajar para sacar adelante a sus hijos. Una trabajaban como cocineras, cuya misión consistía en calentarles el pote de los mineros en las cocinas que había destinadas a tal uso. Otras veces realizaban un trabajo de “escogedoras”, en la cinta del escogido para escoger al carbón del lavadero.
Su sueldo en 1898,era de 56,75 pesetas al mes.

Es necesario recordar como Llombera ha ido sacrificando sus tierras y paisajes por causa de la mina. Sirva como ejemplo, el sendero que conduce a Samés, conocido como camin de Valdejabe, dicho camino atravesaba un faedo de fayas centenarias, las cales entrelazaban sus ramas de un lado a otro del camino aportando gran frescor y sombra al caminante. Todo este paraje ha sido destruido y sepultado bajo toneladas de escombros con la explotación a cielo abierto.

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