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Motes colectivos en tierras de Gordón
   
Elaborado por Ricardo Gutiérrez 
   


Esta información ha sido obtenida en el DIARIO DE LEON. 9 DE FEBRERO DE 1.992

 

Raneros (Peredilla), Fayuqueros (Llombera) y Noguerales (Nocedo) son los motes vinculados a la abundancia de estos elementos.

Uno de los caracteres sobresalientes de la cultura rural -a veces muy significativo también de la urbana- es el ensalzamiento del propio pueblo, máxime antaño, cuando las formas de vida, especialmente físicas, eran mucho más cerradas. Es abundante la literatura oral. Baste un ejemplo, oído en Ciñera: < Mozos de Villasimpliz/ no paséis de La Gotera,/ que os tocaran los cojones/ los de La Vid y Ciñera».
Una de las fórmulas utilizadas para valorar lo propio era despreciar lo ajeno. No han cambiado mucho las cosas en este sentido, porque parece ser razón de pura naturaleza. Por eso los motes sirvieron en un momento como apoyo al desprestigio. Después, no hace muchos años, como simple referencia curiosa, hoy prácticamente desconocida,

Alfonso García

Los vecinos de Buiza y Folledo mantuvieron desde siglos un enfrentamiento. Los primeros vendieron a los de Folledo el pastizal de Las Campas, pagado en cántaras de vino y azúcar, por lo que los de Buiza recibieron el nombre de azucareros, sin duda por el que eran más conocidos. Esta venta dio origen a un pleito que algunos no pensaban prescrito y que creían encerrado en el arca misteriosa de Folledo desde la época de Felipe II. Prescrito y nada misteriosa. Sólo quedo de cierto durante largos años el enfrentamiento y el mote. Por eso los de Buiza se encargaron bien de airear los motes de sus vecinos, a los que se les llamó los de la viga atravesá, atravesaos, y, sobre todo, turcos.
Los dos primeros motes, sinónimos, le vinieron porque querían meter en la iglesia una viga atravesada. El caso de turcos viene de un hecho que ha llegado a través de muchas generaciones. Un grupo de habitantes de Folledo fue comisionado por el Concejo para comprar una imagen de Cristo crucificado. Como les dieron un Cristo «muerto» y no habían consultado este extremo con el pueblo, lo pidieron «Vivo», y ellos mismos se encargarían de matarlo. De ahí el mote de turcos, en doble acepción: judío, bruto.

Este es, uno de los pocos casos de motes que recoge Francisco Escobar García en Gordón. "Apuntes para la historia de un Municipio." (Pág. 310).

No es de extrañar pues, el regocijo de los de Buiza, al decir:

En Folledo, señores verán
lo nunca visto:
son tan brutos que matan
al mismo Cristo.
Los de Folledo tenían respuesta:
Si en azúcar os pagamos,
os llaman azucareros.
Si supiesen lo del vino,
¿os llamarían vineros?
Borrachos antes y luego.


Lo cierto de cualquier forma, es que los de Buiza recibían otros dos motes aunque sea lo de azucareros algo así como el oficial: gitanos y burros. Desconozco la razón de los dos últimos, aunque, con referencia al segundo, he oído en muchas ocasiones:

A los que veas con serón
sin duda de Buiza son.


Un hecho histórico con todos los componentes legendarios que se quiera, fue la razón de estos apodos.

LA ABUNDANCIA, UNA RAZÓN.

Peredilla es, sin duda, y por razones debidas a su situación, el pueblo más desvinculado del resto, excepto Puente de Alba cuando este perteneció a Gordón (Juan Sánchez Badiola, Orígenes históricos de la Tierra de Alba, en Tierras de León, números 79-80, junio-septiembre 1990), y con Nocedo, con cuyos habitantes mantuvieron en algunos momentos una cierta tensa relación.

Su apodo es “raneros”. Y es que a la entrada de Peredilla había unos praos que estaban siempre encharcados y llenos de ranas, que croaban casi de forma continua. No es de extrañar pues lo del mote.

Los de Llombera fueron conocidos, y en alguna medida lo son, como los de Tamba, porque en la línea de los tesoros propios, alardeaban frecuentemente con lo de:

Entre Tamba, Tambica y Tambicón
hay un tesoro que vale más
que la ciudad de León.

Incluso hablaban de otro, en la zona de La Portilla, que ha de salir:

“a punta de reja
o a resbalón de oveja”.


Este fenómeno, o muy parecido, se da en otros pueblos de Gordón. Así, María Rodríguez, de Santa Lucía, me recitó:

“De Peña Cuchillar
a Peña Boracá
hay un tesoro
que se puede sacar
con punta de reja,
con pata de oveja,
con garbo de moza
que se llama Sinforosa”.


Pero los de L1ombera eran conocidos, sobre todo como “fayuqueros”, por la abundancia de hayas y de sus frutos (hayucos/fayucos), que comían, en algunos casos, en éste y otros pueblos de la comarca. No llevaban mal lo del mote. Incluso lo aprovecharon para jugar lingüísticamente con él y llamar poéticamente, “animales de bellota” al resto de los pueblos. Tal se desprende de los versos de un anónimo alumno de la que fuera importante Preceptoría de L1ombera, - que necesita un estudio detenido -, escritos a principios de siglo:

Si por fayas, “fayuqueros”,
y a los que trabajan la camba
llaman todos «camberos»,
y llegan los de Huergas y andan
diciendo que son «gorgueros»,
¿por qué de nombre no cambian
los que se dicen mundanos?
Si viven en el mundo, hermanos,
será su nombre «munderos».
Y si viven de las manos,
habrán de ser muy «maneros»,
que no llamarlos manitas,
pues parecen mariquitas
a pesar de ser muy toreros.
Si nosotros nos decimos,
con mucho honor, “fayuqueros”,
seremos hoy los primeros
en poner orden sin cuento:
como no es nuevo el invento
de que recojáis la bellota,
seremos también los primeros
en llamaros «belloteros».
¿O será mejor, hermanos,
que os llaméis bellotanos?

HAY OTRAS RAZONES

Vega y Nocedo reciben el mote, compartido por primera vez, de gallegos, aunque no sean las mismas razones las que lo sustentan. Eso sí, en el fondo del mismo subyace una intención claramente despectiva.

Eran gallegos 1os de Vega por ser considerados «tozudos» por los de Los Barrios y los de La Pola principalmente. Los primeros no admitían oír decir que el fundador de su famoso castillo - junto con 1os de Alba y Arbolio, importante baluarte contra los moros - fuese de Vega, de la familia de los Tusinos. Los de La Pola tampoco admitían que Vega fuese la causa del nombre de Gordón («Filandón», nº. l12, 28 de febrero de 1988: El "Gordón de Vega").

Unos y otros les decían: «Ni caso, sois unos gallegos». Creo que ningún mote como este fue puesto con tanto despecho.
Eran gallegos los de Nocedo pensando más en su aislamiento que en otra cosa. Los de Peredilla, con quienes guardaban mayor relación de vecindad, con pros y contras, les hacían rabiar con el asunto. Una vecina de este pueblo me decía que recuerda - y el presente se remonta a principios de los ochenta- que, sin conocer el origen del mote, les cantaban desde el Camporeto de la ermita mientras guardaban las vacas:

Los gallegos de Galícia
cuando van de procesión
llevan un gato de santo
y una vieja de pendón.


El recuerdo de esta mujer llega a 1915.

Los de Nocedo, sin embargo, recibieron un segundo mote, que tiene más que ver con los expuestos en el apartado anterior. Eran apodados nogueroles, por la abundancia de nogales, clara razón toponímica de Nocedo/Nucetum (Vicenta Fernándes Marcos, Los Vegetales en la toponimia Leonesa, en Tierras de León, números 79-80, junio-septiembre 1990).

Aunque se les llamó también sardineros - nunca he llegado al por qué -, los de Huergas fueron conocidos fundamentalmente como gorgueros. Y es que, según cuentan, los vecinos de este pueblo se creyeron muy cierta importancia «importantes» al haber sido «villa por sí» y tener un buen archivo desde de el siglo XVI. Esto les hizo pensar que se trataba del pueblo más importante del municipio. Incluso era el pueblo que más canciones «típicas» hacía del ¡Viva! Como ésta:

En la peña del escobio
ha florecido un sardón
con un letrero que dice:
¡Viva Huergas de Gordón!.


Todo ello hace que alguien le buscase el mote de gorgueros con clara referencia metafórica a la “gorguera”, ese adorno del cuello, de lienzo plegado y alechugado. Y además, tenía cierto parecido fonético con el posible gentilicio vulgar de Huergas.

Parecida actitud de principio tenían los habitantes de Los Barrios, aunque por distintas razones. La historia de Gordón estuvo en buena parte ligada a la historia del castillo de Los Barrios. Esto, unido a su aislamiento, les dio también ciertos aires. Por eso, como el resto, insultaban a todos, pero, como única excepción, se sentían exentos de cualquier tipo de calificativo. Hasta el punto que eran frecuentes actitudes como ésta:

Los de La Pola son gatos,
Los de Beberino, capones;
Los de Huergas sardineros,
los de Los Barrios... no hay cojones.

Alguien cansado igualmente de esta situación, comenzó a llamarlos projuros. Y con el mote se quedaron. Detrás de la palabra, según me apuntan, se escondía la intención de llamarlos renegados, blasfemos.

 
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