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Romance de Flores y Blancaflor
 

El famoso Romance de las hermanas cautivas o de Flores y Blancaflor, tiene siete variaciones en pueblos tan distantes como Tsano o Chano, en el Bierzo, en el año 1979; Villanueva, en el valle de Omaña, en el año 1985; Culebros, en la comarca de la Cepeda, en el año 1984; Castrocalbón, cerca de la Bañeza, en el año 1981; Casares de Arbas, en el año 1919; Oseja de Sajambre, en la montaña oriental, en el año 1909; y una última versión de Llombera, publicada en el año 1962 en el libro “Gordón, apuntes para la historia del municipio”, del presbítero Dr. Francisco ESCOBAR GARCIA, págs 278-279 y que aunque incompleta, sigue a continuación:

A cazar iba el rey moro, a orillas del mar arriba,
lo que le encarga la mora: que le traiga una cautiva,
sea de duques o condes o gente de mayoría.
Catalaumba el rey moro ya le trajo la cautiva.
En el cuerpo y en la talla a ti, reina, parecida,
pero en la cara no, es más hermosa y más linda.
La morita estaba encinta, la cristiana encinta iba,
quiso Dios y la fortuna que ambas parieran un día.
La cristiana parió un niño y la morita una niña;
las parteras envidiosas, por ganar del rey albricias,
dieron el niño a la mora y a la cristiana la niña.
Esta, cuando la empañaba, esta, cuando la vestía,
este cantar le cantaba, este cantar le decía:
Yo te pondría los óleos, yo te pondría la crisma,
yo te pondría por nombre Mari Flores de Castilla,
que así se llama una hermana que tengo en la morería.
Esa hermana que tú dices, dime, ¿la conocerías?
¡Cómo la conoceré, cómo la conocería,
si la robaron los moros siendo yo pequeña niña!
Esa hermana que decís, soy yo, por ventura mía.
Tanto lloraban las dos, que es cosa de maravilla,
que las oyera el rey moro de altos palacios de arriba.
¿Qué tienes tú, mi mujer, qué tienes tú, mujer mía?
La cautiva que has traído es una hermanita mía.
Yo le pondré centinelas
que la custodien de noche y que la guarden de día.

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Hermana, vuélvete a Dios. ¿Cómo yo me volvería,
si he renegado de Dios y de la Virgen María?
Hermana, vuélvete a Dios, que él te lo perdonaría.

La versión de Casares de Arbas, con el valor añadido de los años en que fue recogida, nada menos que en 1909.
Debe tenerse en cuenta que en aquellos años, las reuniones a la luz de la lumbre en los “filandones” era uno de los pocos entretenimientos que existían en las largas noches del invierno, resultando que entre cuentos de viejas, dimes y diretes, cánticos y recuerdos de pasados tiempos, el recitar de canciones y romances constituía la manera más precisa de transmitir tradiciones y cultura popular entre las nuevas generaciones.
Es por ello que la versión recogida en época tan lejana aporta autenticidad y una mayor fidelidad que las recogidas en tiempos más cercanos, cuando las reuniones vecinales en el filandón fueron desapareciendo paulatinamente, por lo que a lo más que se llegaba era a transmitir esos romances dentro de la familia, sin casi posibilidad de contrastarlos con otros miembros de la comunidad; siendo así que las inexactitudes, carencias y contaminaciones se fueran acentuando con el paso de los años.

Dada la cercanía y similitudes en cuanto a costumbres y tradiciones entre los habitantes de los antiguos concejos de Rodiezmo y Gordón, se entiende que la la versión de Casares es muy similar a como debió conocerse entre nuestros abuelos:

Se debe hacer notar las palabras y expresiones características del dialecto Leonés o Astur-Leonés, presente claramente en este romance, entre los cuales, por poco conocidos en estos tiempos ha de señalarse el conocido como apóstrofo francés, y que por resumir, consiste en usar la tilde para sustituir normalmente ciertas vocales, pero que en ocasiones en dicho dialecto sustituía consonantes. (ver palabras en cursiva).

Mala está la reina mora, llena de malaconlía,
le manda al rey dir a caza y a los lejos de la oliva,
que le busque o que le traiga, que le traiga una cautiva,
sea de duque o de conde o de gente de valoría.
Ha matado al conde Flores, cautivó la condesina.
Ya le escribiera las cartas que le trae una cautiva,
en el cuerpo y en el talle a su reina parecía;
pero en la cara no, que era más hermosa y linda.
Bien venida seas, cristiana, de la grande cristianía.
Bien hallada seas, mora, de la grande morería.
No hables tanto, la cristiana, que te costará la vida.
Una muerte debo a Dios, sea cuando Dios quería.
La reina iba preñada, la cautiva encinta iba,
quiso Dios y su fortuna dambas parieron n’un día.
La cristiana pariera un niño, la reina pariera una niña;
las parteras, envidiosas, por ganar del rey albricias,
dieron el niño a la mora y a la cristiana la niña.
Estando un día la cristiana empañando por la niña
clamaba al alto cielo, lucero claro del día.
Yo si me hallara en mi tierra, te había de poner oleo y crisma,
de nombre te había ’e poner María Flores de Castilla,
que así se llamaba una hermana que yo tenía en morería,
por la leche que mamaste, aunque no eres hija mía,
por la leche que mamaste llámaste Rosa María.
La morica, de contenta, levantaba al primer día;
la cristiana, de pesar, no levanta, ni podía.
Lo que le sobra a la mora se lo dan a la cautiva.
Mi secretaria me manda que le cant[e]s a la niña,
que clamas al alto cielo, lucero claro del día,
que si te hallaras en tu tierra, le habías de poner oleo crisma,
le habías de poner María Flores de Castilla,
que así se llama una hermana que tenía ella en morería.
¿Tú, si vieras a tu hermana, tú sí la conocerías?
¡Yo, cómo la había de conocer, cómo la conocería,
si cuando la cautivaron moros, yo en no era nacida!,
sólo he oído llorare a una madre que tenía,
sólo la he oído nombrar a un padre que yo tenía.
Por las señas que me das, tú eres hermanita mía.
Agarraronse las dos, desagarrarse no podían.
Ya las oyera el rey moro de altos palacios de arriba.
¿Tú que tienes, mi mujer, tú que tienes, mujer mía?
Que la esclava que trujiste es hermana mía.
Si es hermana tuya súbela acá,
la entregaremos el mejor bolsillo que dentro tu cuarto había,
mandaremos cuatro mozos que la lleven a Castilla,
que la guarden, que la velen, más de noche que de día.
Vuélvete a la cristiandá, hermana, vuélvete a la cristiandía.
¡Y cómo volveré yo, cómo [yo] volvería,
si renegué del mi Dios y de la Virgen María!
Pídele a Dios bien de veras que él te lo perdonaría.
Le cogieron el mejor bolsillo que de la plata tenía;
dejan al rey engañado, como de paseo diban.
Ya se marchan paseando a orillas del mar arriba;
vieron venir un barquichuelo y en él dambas se metían,
se fueron a . . . . . .esembarcar a Santiago el de Galicia.

 

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